Hasta que llegue la lluvia

La sequía es uno de los cuadros más devastadores del mundo. Nada es más espantoso que ver un terreno sin vida, lleno de esqueletos, carbonizados por el fuego. Es el gran contraste entre el lugar que antes fue escenario de vida, donde la vegetación le puso colores a la naturaleza, y donde los árboles daban su fruto en su tiempo, en contraste con un ambiente con olor a muerte. Es la comparación entre la lluvia que riega, llenando los manantiales y los ríos, donde viven y se alimentan todos los animales del campo, frente a una tierra seca, donde todo quedó abandonado y detenido con en el tiempo.

Tenemos que imaginarnos que los tres años y medio sin lluvia que profetizó Elías tuvieron que traer un desastre natural de muy grandes proporciones. Ahora todo mundo se muere de sed y de hambre. No hay cosechas, no hay vacas en los corrales, no hay comidas en las mesas. La palabra del profeta se está cumpliendo severamente. Ahora él mismo no escapa a los rigores de la sequía. Pero es aquí donde seguimos viendo la dirección divina.

Los estudios biblicos nos demuestran que Dios está en control de la situación y la manera cómo va a seguir protegiendo al profeta es asombrosa. Después que lo llevó al arroyo de Querit, que se secó después de algunos días, ahora lo saca de allí y lo envía a una región donde vive el suegro de Acab, para ser sostenido por una mujer viuda y pobre. Esta historia es hermosa.

Los personajes y las circunstancias son únicos, pero el gran actor y triunfador sigue siendo nuestro Dios. Su poder y su gracia para sostener a sus hijos quedará demostrada en la manera cómo se asegura que su profeta no sea consumido por la sequia, sino que robustezca su fe en medio de la prueba. El tema central de todo esto es que Dios provee sustento en la sequía y se mueve con su gracia soberana “hasta que regrese la lluvia”. Este será nuestro tema para esta ocasión.

I. MIENTRAS REGRESA LA LLUVIA DIOS ORDENA EL SOSTENIMIENTO CON AQUEL QUE TIENE MENOS

1. De “Querit” a “Serepta” v. 9a.

Hemos dicho que Elías parece haber entrado en una “escuela de entrenamiento” y ser perfeccionado en el difícil trabajo como profeta para enfrentar al malvado rey Acab y su esposa Jezabel. Así tenemos que el primer entrenamiento lo recibió en Querit, cuyo significo es “cortado, escondido”. Aquel era un lugar solitario, viviendo con los cuervos asignados por Dios para sostenerle. En aquel arroyo vivió hasta que se secó. Pero después de unos días comenzó a experimentar los rigores de la sequía que él mismo profetizó. Ahora ha sido llamado para ir a una “prueba mayor”, pues se le ha asignado viajar a “Serepta”, una región de los gentiles. ¿Por qué ese lugar? ¿Por qué no ir alguna región de Israel? La palabra Serepta significa “fundir, refinar, probar”. El verbo es usado para “perfeccionar a través del sufrimiento”. ¿No es curioso que el profeta salga de una prueba y ahora entre en otra? Si Dios va a usar a sus hijos, se valdrá de sus distintos métodos como si fuera una especie de ensayo, de manera que al final quedemos aptos para las tareas más grandes. “Serepta” también representa lo de poco valor, de manera que veamos cómo Dios puede sustentarnos en cada crisis de la vida.

2. Una viuda para que te sostenga v. 9b.

El Señor ha cambiado de planes. Los cuervos hicieron su trabajo. Ahora ordena a una viuda para que sostenga al profeta en la severa crisis. Vea todo este cuadro. Primero era una mujer, luego era viuda; pero no era una viuda rica, sino muy pobre, lista para morirse junto a su hijo v. 12. ¿No se ve todo esto como una contradicción de parte de Dios? Jesucristo más adelante va a decirnos que había muchas viudas en Israel durante el tiempo de Elías (Lc. 4:25, 26), pero Dios quiso que fuera exactamente la mujer que se encontró en la ciudad. Note este cuadro trágico. Aquella pobre mujer tuvo que tener una precaria condición física. El hambre habría hecho una profunda huella. Ese estado le llevó a ser una mujer terriblemente desesperada. Note la forma cómo habla de “Jehová tu Dios”, y luego habla de la última cena antes de morirse v. 12. Quizá usted se está preguntando cómo Dios le iba asignar el sostenimiento al profeta a una viuda como ésta. Bueno, esto no debe extrañarnos, pues ya vimos cómo Dios se valió de cuervos para sostenerle en Querit. No hay nada imposible para Dios.

3. Un poco de agua y un bocado de pan v. 10, 11.

Ahora entramos a las cosas insólitas de esta historia. Elías tenía que identificar cuál era la viuda ordenada por Dios para sostenerle. Las dos peticiones: agua y comida, podrían ser las señales claras que ella era la viuda escogida. Es bien cierto el dicho que “un vaso de agua no se le niega a nadie”, pero cuando su vida depende de ese preciado líquido, el asunto podría ser otro. Así que el profeta tuvo que comprobarlo. Sigue siendo el camino de Dios y es su gloria el honrar y usar lo débil y necio del mundo. Para Elías la situación había llegado a niveles tan dramáticos, que después de pedir agua, también le dice a la viuda que le prepare algo de comer. ¿Era un abuso del profeta esta acción? Bueno, no debe verse de esta manera, pues en todo caso él también estaba comprobando las señales divinas. Si ella se negaba, entonces no era la mujer señalada por Dios. La verdad de esta historia es que la provisión de Dios es segura, venga de donde venga. Él usa lo impensable para mostrarnos que puede satisfacer todo tipo de sed y de hambre. Solo debemos esperar y confiar en él.

II. MIENTRAS REGRESA LA LLUVIA SOMOS LLAMADOS A DEJAR TODA PREOCUPACIÓN EN MANOS DE DIOS

1. Hay que disipar el fantasma del temor v. 13ª. ¿Quién no sufre de temor al saber que va a enfrentar la escasez del agua y alimento? ¿Qué madre que tenga a su hijo no pasa por el terrible temor al saber que no tiene con qué alimentarlo? La extrema condición de aquella pobre viuda, ordenada por Dios para sustentar al profeta, era para alarmarse. El versículo 12 es simplemente conmovedor. ¿Qué tenía esa mujer para ofrecerle al siervo de Dios? ¡Prácticamente nada! Lo que si sabía esta pobre viuda es que su suerte estaba echada: la muerte estaba rondando su casa. Ella tuvo que ver y oír acerca de muchas muertes que se estaban suscitando a raíz de la terrible sequía. El temor se había apoderado de su corazón, pues ante la osada petición del profeta, así describe su condición: “… un puñado de harina… un poco de aceite….dos leños… para que lo comamos, y nos dejemos morir. Pero frente a ese lenguaje “mortuorio”, hay una voz de autoridad que dice: “No tengas temor…”. Somos muy propensos a desmoronarnos cuando no vemos salidas a una crisis. Pero si bien es cierto que podemos estar raspando la vasija, la “despensa divina” todavía sigue estando llena. Dios sabe su condición y él no te dejará en tu temor.

2. Hay que entregar lo poco al Señor v. 13b.

En esta viuda se cumplió el deseo de los apóstoles cuando le dijeron al Señor que le aumentara la fe. No era fácil desprenderse de lo único que tenía para su última comida, y dársela a un desconocido. Pero la fe de la viuda le capacitó de manera de depender en la promesa divina. Eso es lo que hace grande nuestra fe y la convierte en el milagro de la gracia. Felices son los hombres y las mujeres que, contra toda esperanza, pueden creer y obedecer en esperanza. ¿Qué sucedió con esta viuda? Ella le tomó la palabra al profeta y le dio comida de pobre, pero como resultado, tuvo una gran recompensa, por cuanto comieron ella, su hijo y su casa, por dos años en terribles tiempos de hambre. Una de las cosas con la que lucha la fe es precisamente el pensar que no se tiene nada que dar. La viuda era la persona menos indicada para sostener al profeta, pero ella creyó en “Jehová tu Dios”, y él obró el milagro de la harina y el aceite. Esta viuda nos enseña que hay que entregar primero lo poco que tenemos en manos del Señor para poder ver su bendición y multiplicación. No somos dados hacer esto. Pero en esto consiste el gran principio de la mayordomía. Hay que dar el salto de fe.

3. Hay que creer en la provisión ofrecida v. 13c.

La comida que ordenó el profeta en el “restaurante de la viuda” fue precisa: “Una pequeña torta cocida debajo de la ceniza”. Así que el profeta no solo le quitó el agua a la viuda, sino también su comida. Pero… espere, no juzguemos tan rápido al profeta. Observe la promesa que demandaba una gran fe en esta mujer: “Después harás para ti y para tu hijo”. ¿Cómo es esto? ¿De dónde sacaría esa mujer más harina si la iba a consumir haciéndosela al siervo de Dios? Bueno, allí fue probada una vez más la obediencia y la fe de la viuda. La petición del profeta era la manera cómo ella honraría al Señor, creyendo que de alguna manera especial se iba a dar alguna provisión, y tanto ella como su hijo comerían por lo menos ese día. La viuda de Sarepta estaba consciente que la harina y el aceite se habían acabado. Pero la presencia de ese hombre extraño con su serenidad y confianza en el Dios que cree, le ayudó a honrar su fe. Contra todos los pronósticos, ella le tomó la palabra al varón de vestiduras extrañas, y decidió prepararle su torta. La llenura de nuestra “tinaja” solo está a un paso de nuestra fe. Debemos creer en la invitación que Dios nos hace según su provisión.

III. MIENTRAS LLEGA LA LLUVIA HABRÁ SUFICIENTE HARINA PARA SATISFACER EL HAMBRE

1. “Y la harina de la tinaja no escaseó…” v. 16.

La presencia de harina y el aceite en plena sequía es un claro indicio de los milagros divinos. La promesa del versículo 14 se cumplió en su totalidad. No tenemos idea cómo la estaban pasando en otro lugar, sabiendo los estragos que produce el hambre, pero lo que si estamos seguros es que en la casa de la viuda de Sarepta había torta cocida caliente durante todo ese tiempo. Hay en esto algo extraordinario. La presencia de la harina y el aceiteen la casa de la viuda fue una contundente demostración del poder de Dios contra de Baal por este asunto de la sequía. Los que seguían el falso culto de la adoración a este ídolo, creían firmemente que su dios era el soberano de la fertilidad que mandaba la lluvia para que las siembras crecieran. Sin embargo, quedó demostrado que el tal dios no tenía ningún poder para detener la sequía y de esta manera hacer que creciera el trigo y los árboles de olivo. Pero nuestro Dios, el verdadero, el que no cambia, sí podía proveer de harina y aceite en medio de la sequía. Es que el Dios nuestro es el único que puede sacar agua de la roca, abrir caminos en el mar, convertir el agua en vino… es el único que todo lo puede y todo lo suple.


2. “… y comió él, y ella, y su casa, muchos días” v. 15.

Una cosa que hay que decir sobre este milagro es que no hubo multiplicación de harina o de aceite. El texto nos dice que “la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó”. Lo que esto nos dice es que de una manera milagrosa, cada vez que la viuda se acercaba y metía su mano en la tinaja y en la vasija, descubría que allí estaba la cantidad necesaria para el sustento cotidiano. Esto concuerda con la oración de Jesús, cuando dijo: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”. La provisión de Dios no consiste en una sobreabundancia, sino en una seguridad de tener el pan diario. Al pueblo de Israel se le ordenaba recoger el Maná diario para recordarles que en la gran sequía del desierto, Dios les había prometido el sustento diario hasta que llegaron a la tierra de Canaan. Así que mientras la lluvia no llegó, el profeta, la viuda y su casa tuvieron provisiones. La promesa bíblica nos recuerda esto: “Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendiga pan” (Sal. 37:25). No importa cuánto tiempo durará tu “sequía”, lo que sí sabemos es que Dios te sustentará en todo tiempo. “Confía en el él, y él hará” (v.5).

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